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miércoles, 18 de marzo de 2020

Existencia y muerte

¿Existe alguna motivación para mi existencia? ¿Acaso esta vida tiene un sentido? ¿Que hay de los animales que habitan a nuestro alrededor? ¿Y de las plantas? ¿Acaso ellas tienen sentido para existir? ¿Porque el sol nos calienta con su calor? ¿Porque la luna nos cobija de la negra oscuridad del cielo? ¿El suelo que pisamos ha querido que fuese así? Vivo una vida que resulta ser fugaz, porque da igual cuanto vivas o cuanto experimentes, la vida es nula, solo existen dos conceptos más allá de lo que el ser humano maquine para entender su medio: lo perpetuo y lo que no lo es, y es indiferente la cantidad de tiempo que logres vencer mediante la vida, los hechos que hiciste mientras la tenías y las leyendas que queden en la mente de los que vinieron después de ti, ese tiempo sigue siendo un parpadeo.

Nuestra vida para los astros es insignificante y carente de sentido, al igual que los de una bacteria en el suelo lo es para nosotros, si extendemos el tiempo hasta la medida astral veremos que entre no vivir y vivir no hay apenas diferencia, entonces, ¿Por qué? Y es más, ¿Porque nunca nadie se hace éstas preguntas en público? ¿Acaso temen la respuesta? El miedo de nada sirve ya que morirás y te pudrirás, desaparecerás y lo que hiciste más pronto que tarde será olvidado, pero la angustia si es merecedora de atención, pues la angustia es el conocimiento, el conocimiento de la muerte. En la gente que veo pasar no observo la angustia de la muerte, como si no pudiesen ser capaces de darse cuenta que cuando termine su vida terminará todo y cuando percibieron alguna vez más allá de su mente, pues todo lo construyeron ellos: el rostro de los seres queridos, el sabor de la comida, ese curioso olor que te lleva a tu infancia, esa sonrisa que te hizo feliz de nuevo... todo ello morirá contigo, incluso si quiero referirme a mi mismo, esto que escribo morirá conmigo de alguna forma, ya que posiblemente poca gente lo lea, y me considerarán un triste deprimido que no puede vivir la vida, y siento de verdad que no puedo, no sin antes recibir las respuestas a mis angustias.

La religión suele dar una respuesta, pero procede del hombre, ser divino catalizador de aquello que percibe del mundo exterior, por lo que puede estar corrompido por el anhelo de respuesta del hombre. Comprendo la importancia de mucha gente a la religión, pero para mi angustia nada sirve creer, ya que tu existencia nunca podrá ser revelada fuera de lo terrenal, se marchitará y desaparecerá, y ojalá estuviese equivocado, pero no puedo sino dudar de las certezas de poco fundamento que tienen las religiones. Aún así, amo la idea de que mucha gente se sienta acogida, almeno su vida pasará sin miedo ni angustia, y sus cenizas volarán tranquilamente hacia la nada.

¿Tengo yo un cometido? ¿Debería esforzarme en una actividad que resultará inútil para aquellos que me acontecerán? ¿Inútil cuando el universo se enfríe y ni siquiera queden ya partículas de materia en el cosmos? Dios mio, esta angustia no la logro hacer desaparecer, me persigue y me persigue y nada puedo hacer. Ojalá cuando pasen los años en mi vida sienta que la vida tiene una motivación, que quizás todo ésto es un ciclo interminable, que dentro de eras y eras volverá el universo a renacer, de algún otro modo o manera, que la creación y la destrucción no simplemente derivan a la nada, sino que volveremos a existir, aún cuando nuestras conciencias se hayan marchitado hacia la nada.

sábado, 12 de enero de 2019

Brillo en la cueva

Y ahí esta, en la lejanía de la oscuridad, un pequeño y tibio brillo que parece ahogarse en un mar negro de la nada más absoluta. Pequeña y breve, asoma su brillo mortecino y distante hacia las cavernas de lo desconocido, como una antorcha moribunda en una enorme y profunda gruta sepulcral. Ahí está, volátil como una cerilla, la única luz en el firmamento, ni siquiera pudiéndose llamarse luz realmente, pues para eso debería estar en llamas; y esa luz simplemente era, era el ser hecho a merced de la más oscura ignorancia del tiempo, forjada en un sentimiento de soledad absoluta, de terror cósmico, de irónico cinismo, incapaz de observar nada pues ni a si misma puede contemplarse, buscando otra luz en el oscuro firmamento.

Pero no hay nada, nunca hubo nada ni nunca será nada más que esa mota errante en la negrura, nómada, solitaria, tratando de extender sus ramas hacia la nada, pero jamás respondida salvo con el eco de sus palabras, sabiendo que morirá en alguna era, en algún momento, muriendo sola en la oscuridad. Quizás la noche oscura del alma era cierta al fin y al cabo, pues como un manto nocturno hace al ser soñar de que algún día esa noche será día, aunque este sueño solo sea una frágil y triste esperanza que jamás deberá obviarse que se cumpla, pues para eso esta la muerte, para acabar con la esperanza del alma y sus sueños, para cortar la cuerda que no suspende encima de ese mar negro que parece estar listo para engullirnos en cuanto nos precipitemos.

martes, 11 de diciembre de 2018

Alba

Un tibio viento del este respiraba por el valle libre, rozando el bello verdor con tacto maternal y llenando el aire de olor de astilbes y amapolas. Una silueta femenina de largos cabellos carmesí se alzaba en la zona más alta del valle, observando con sus ojos esmeralda la belleza de los primeros rayos de sol del día. Su piel escarcha centelleaba bajo el tenue látigo de un sol neonato, que emergía de la eterna noche tras un boscoso horizonte.
“¿Porque algo tan bello me hace sentir tan triste?”
Pensó la joven, dolorida, algo en esa escena tan única y especial la arrastraba fuera de ese lugar, donde estuviese lejos de su propio cuerpo y su propia vida. Lejos de su casa, lejos de familia, lejos de todo lugar que hubiese conocido, hacia la oscuridad de la noche en su mente. El hecho de ese amanecer tiraba de ella, sus pensamientos no eran sobre qué haría ese nuevo día o preguntarse qué debía hacer cuando volviese a casa , simplemente eso quedaba en segundo plano, esas ideas matutinas temblaban ante las nuevas dudas de la temerosa muchacha, que ansiaba respuestas.
“Nunca la sombra de la duda me había acechado tan violentamente,
siempre había estado ahí, latente, durante mi infancia y adolescencia,
pero ahora emerge cual enfermedad a mi mente”
El valle comenzó a volver a la monótona normalidad, el sol ya se alzaba medio hundido en el horizonte y la magia de la luz se disipaba a medida que el ambiente se acostumbraba a los rayos veraniegos. La joven se mantuvo inmóvil, obnubilada tras la presencia de una belleza que nunca jamás volvería a ver en lo que le quedaba de vida, y reflexionó, pensando que esa belleza había muerto segundos después de haber nacido, fallida, pero ahí se mantuvo la belleza mientras duró, imponente e incuestionable a la fealdad de su vida.
“Quizás lo que hace bello a las cosas
 es que esa belleza se marchita y muere”
Pero pensó entonces en las montañas, impasibles, pensó en los mares también, y pensó finalmente en los cielos; todos ellos son bellos, pero no marchitos, no al menos tan marchitos como su propia vida. El valle que pisaba seguía siendo bello, aún cuando la magia de la luz ya no surtía efecto en sus ojos. Alba, que así se llamaba la joven, dio la espalda al horizonte y comenzó el camino de vuelta a casa, un camino no muy largo, pero que si te detienes a verlo con detalle podrías pasarte horas cautivado por su belleza.
Durante el camino la joven observó como el bosque reflejaba el brillo de un sol cada vez más fuerte, mientras que una sensación de calidez la invadía por dentro. A Alba le recordaba a su primer hogar esos bosques, lejanos recuerdos de una infancia que parecía no haber sido vividos nunca, pero que de alguna manera ella sabía que había vivido. Fuese únicamente por una corazonada ilusoria o debido a un recuerdo de verdad, a esas alturas a la joven todo eso le era indiferente, lo único que quedaba eran los escalofríos al oler la esencia del lugar, las bocanadas de aire puro que estremecía su cuerpo y el verdor que tranquilizaba su alma.
Pero al mismo tiempo, esas sensaciones provocaban lágrimas en sus ojos, unas lágrimas incontenibles, una amarga sensación de vacío, un aullido de melancolía, un beso de deshazón.
“¿Por qué vuelvo a sentir esta sensación de tristeza?
¿Por qué no puedo volver a mi infancia?”

martes, 4 de diciembre de 2018

Una vez tu pálida tez brillaba a la luz de la luna, centelleante bajo el cortejo astral. Puedo ver como desciendes con pasos de marfil por enormes teclas de cristal, una a una, descendiendo hasta donde me encuentro, observándote con mirada impasible. Ya puedo ver tu mirada, esa mirada esmeralda cuyo brillo tirita a la lejanía nocturna, pero cuya belleza enmudece la misma luz de la noche.

A medida que avanzas, tu cuerpo acaba perdiendo su corporeidad, desvaneciéndose lentamente a medida que lo que ven mis ojos deja de ser tu imagen espectral y poco a poco va mostrando la realidad, la oscuridad de la noche, donde la única amante es la luna, que vigila mis pasos solitarios.

sábado, 20 de octubre de 2018

Cierro el cajón

Llegó el momento de cerrar este blog, no me ha ofrecido nada más que malos recuerdos escritos, recuerdos que prefiero guardarme para mi mismo, porque a nadie le importa lo que escriba, y probablemente nunca lo hará, prefiero que sea mi pequeño secreto, mi rincón donde guardo recuerdos que ya son hora de meterlos bajo un pesado cerrojo y tirar la llave por algún lugar de mi casa.

Aunque de que sirve guardar recuerdos que parecen que solo han sido especiales para ti, y que cuando desaparezcas, no quedará nada de ellos nunca más. Quizás dentro de muchos años mire atrás y vea como dos fracasos amorosos lograron hacerme escribir este blog y continuarlo, y probablemente pensaré que en el fondo estaba equivocado sobre mi mismo, o eso espero.

Ahora recuerdo cuando me despedí de un viejo amigo con un "hasta siempre" y me abrazó, me dijo que había sido la mejor persona que había conocido en su vida (aunque muy probablemente estaría equivocado), ¿y sabes que? han pasado tantos años de aquello que apenas puedo recordar su rostro, ya apenas me entra en mi mente su nombre para recordarme de él, pero su corazón, como el de todas las buenas personas que he conocido, dejan una parte suya volar conmigo cuando me marcho al final.

Hasta siempre amigos, deseo que vuestros viajes sean largos y vuestros destinos siempre sean los que soñabais cuando salisteis en su búsqueda, que encontréis a personas que os quieran, o reencontréis a otras que realmente os querían, usad esta corta vida para ser algo más que vosotros mismos, extended vuestras ramas por el bosque aún cuando la noche inmensa parezca cernirse sobre nosotros, para que cuando algún día no estemos ninguno de nosotros, almenos que queden nuestros escritos y nuestros versos...

Os quiero a todos, hasta siempre,
Ota