Trabajando actualmente

martes, 11 de diciembre de 2018

Alba

Un tibio viento del este respiraba por el valle libre, rozando el bello verdor con tacto maternal y llenando el aire de olor de astilbes y amapolas. Una silueta femenina de largos cabellos carmesí se alzaba en la zona más alta del valle, observando con sus ojos esmeralda la belleza de los primeros rayos de sol del día. Su piel escarcha centelleaba bajo el tenue látigo de un sol neonato, que emergía de la eterna noche tras un boscoso horizonte.
“¿Porque algo tan bello me hace sentir tan triste?”
Pensó la joven, dolorida, algo en esa escena tan única y especial la arrastraba fuera de ese lugar, donde estuviese lejos de su propio cuerpo y su propia vida. Lejos de su casa, lejos de familia, lejos de todo lugar que hubiese conocido, hacia la oscuridad de la noche en su mente. El hecho de ese amanecer tiraba de ella, sus pensamientos no eran sobre qué haría ese nuevo día o preguntarse qué debía hacer cuando volviese a casa , simplemente eso quedaba en segundo plano, esas ideas matutinas temblaban ante las nuevas dudas de la temerosa muchacha, que ansiaba respuestas.
“Nunca la sombra de la duda me había acechado tan violentamente,
siempre había estado ahí, latente, durante mi infancia y adolescencia,
pero ahora emerge cual enfermedad a mi mente”
El valle comenzó a volver a la monótona normalidad, el sol ya se alzaba medio hundido en el horizonte y la magia de la luz se disipaba a medida que el ambiente se acostumbraba a los rayos veraniegos. La joven se mantuvo inmóvil, obnubilada tras la presencia de una belleza que nunca jamás volvería a ver en lo que le quedaba de vida, y reflexionó, pensando que esa belleza había muerto segundos después de haber nacido, fallida, pero ahí se mantuvo la belleza mientras duró, imponente e incuestionable a la fealdad de su vida.
“Quizás lo que hace bello a las cosas
 es que esa belleza se marchita y muere”
Pero pensó entonces en las montañas, impasibles, pensó en los mares también, y pensó finalmente en los cielos; todos ellos son bellos, pero no marchitos, no al menos tan marchitos como su propia vida. El valle que pisaba seguía siendo bello, aún cuando la magia de la luz ya no surtía efecto en sus ojos. Alba, que así se llamaba la joven, dio la espalda al horizonte y comenzó el camino de vuelta a casa, un camino no muy largo, pero que si te detienes a verlo con detalle podrías pasarte horas cautivado por su belleza.
Durante el camino la joven observó como el bosque reflejaba el brillo de un sol cada vez más fuerte, mientras que una sensación de calidez la invadía por dentro. A Alba le recordaba a su primer hogar esos bosques, lejanos recuerdos de una infancia que parecía no haber sido vividos nunca, pero que de alguna manera ella sabía que había vivido. Fuese únicamente por una corazonada ilusoria o debido a un recuerdo de verdad, a esas alturas a la joven todo eso le era indiferente, lo único que quedaba eran los escalofríos al oler la esencia del lugar, las bocanadas de aire puro que estremecía su cuerpo y el verdor que tranquilizaba su alma.
Pero al mismo tiempo, esas sensaciones provocaban lágrimas en sus ojos, unas lágrimas incontenibles, una amarga sensación de vacío, un aullido de melancolía, un beso de deshazón.
“¿Por qué vuelvo a sentir esta sensación de tristeza?
¿Por qué no puedo volver a mi infancia?”

martes, 4 de diciembre de 2018

Una vez tu pálida tez brillaba a la luz de la luna, centelleante bajo el cortejo astral. Puedo ver como desciendes con pasos de marfil por enormes teclas de cristal, una a una, descendiendo hasta donde me encuentro, observándote con mirada impasible. Ya puedo ver tu mirada, esa mirada esmeralda cuyo brillo tirita a la lejanía nocturna, pero cuya belleza enmudece la misma luz de la noche.

A medida que avanzas, tu cuerpo acaba perdiendo su corporeidad, desvaneciéndose lentamente a medida que lo que ven mis ojos deja de ser tu imagen espectral y poco a poco va mostrando la realidad, la oscuridad de la noche, donde la única amante es la luna, que vigila mis pasos solitarios.

sábado, 20 de octubre de 2018

Cierro el cajón

Llegó el momento de cerrar este blog, no me ha ofrecido nada más que malos recuerdos escritos, recuerdos que prefiero guardarme para mi mismo, porque a nadie le importa lo que escriba, y probablemente nunca lo hará, prefiero que sea mi pequeño secreto, mi rincón donde guardo recuerdos que ya son hora de meterlos bajo un pesado cerrojo y tirar la llave por algún lugar de mi casa.

Aunque de que sirve guardar recuerdos que parecen que solo han sido especiales para ti, y que cuando desaparezcas, no quedará nada de ellos nunca más. Quizás dentro de muchos años mire atrás y vea como dos fracasos amorosos lograron hacerme escribir este blog y continuarlo, y probablemente pensaré que en el fondo estaba equivocado sobre mi mismo, o eso espero.

Ahora recuerdo cuando me despedí de un viejo amigo con un "hasta siempre" y me abrazó, me dijo que había sido la mejor persona que había conocido en su vida (aunque muy probablemente estaría equivocado), ¿y sabes que? han pasado tantos años de aquello que apenas puedo recordar su rostro, ya apenas me entra en mi mente su nombre para recordarme de él, pero su corazón, como el de todas las buenas personas que he conocido, dejan una parte suya volar conmigo cuando me marcho al final.

Hasta siempre amigos, deseo que vuestros viajes sean largos y vuestros destinos siempre sean los que soñabais cuando salisteis en su búsqueda, que encontréis a personas que os quieran, o reencontréis a otras que realmente os querían, usad esta corta vida para ser algo más que vosotros mismos, extended vuestras ramas por el bosque aún cuando la noche inmensa parezca cernirse sobre nosotros, para que cuando algún día no estemos ninguno de nosotros, almenos que queden nuestros escritos y nuestros versos...

Os quiero a todos, hasta siempre,
Ota

domingo, 18 de marzo de 2018

Tú, mi recuerdo más sincero




Dedicado a ti, la que bajaste en un puerto distinto al mío,
la que me dijo "te quiero" sin quererlo,
 la que decepcioné hace ya mucho tiempo.

No te merezco, y cuanto más lo pienso, más lo creo. Ahora miro al cielo y pienso qué podría haber sido de ti, pero si trato de imaginarte sólo puedo ver un final triste y grotesco. Si es cierto que un fuego apaga otro fuego, quiero arder por dentro para matar el que encendiste en mi pecho, pero no puedo, soy demasiado débil y el miedo me carcome por dentro.

Si sigo pensando en ti es para flagelarme en tu recuerdo, para recordarme que eres la cadena que me arrastra por el suelo, aún si ya no existes, aún si desapareciste como desaparecen los sueños, te fuiste, y lloré, lloro, por cuanto te eché y te echo de menos. Eres el recuerdo de mi yo miserable, de mi yo más deleznable, del yo que no puede mirarse al espejo... eres el recuerdo de mi continuo fracaso, de mi caída infinita hacia un abismo negro... de la muerte de mi infancia a manos del adulto que ahora habita este cuerpo. Me diste una oportunidad de querer y yo rechacé tus sentimientos, oh, cuanto lo siento, porque tengo el presentimiento de que lo que yo ahora siento es lo que sentiste por mi hace ya mucho tiempo, que lo que yo ahora anhelo en mis deseos tu lo ansiabas en los tuyos, oscuros y sinceros. Y cuando llegue el alba de esta noche, cuando llegue ese momento, querré al alma que desee a éste cuervo, no dejaré escapar esa nueva oportunidad que anhelo, no dejaré caer lágrimas donde puedan existir los besos, no dejaré que inunde el odio donde puede haber un mar de amor sincero.

Y aunque haya pasado el tiempo y tus recuerdos cada día se vean más y más difusos, recordaré a esa joven de largos y rizados cabellos carmesí, esa joven que me miraba con esos ojos, esos ojos esmeralda que aún recuerdo... que bailaba, que volaba, que sonrojaba, que pensaba que la vida podía caber en dos versos. Te quiero, y quizás necesite más de dos palabras para decirte lo que siento, pero con esas bastan, nos bastan a los dos en nuestro vasto silencio. Y aunque sé que nuestras almas infantiles han muerto y con ellos la esperanza de estar juntos de nuevo, seguiré soñando con que habría pasado si hubiera tomado tu mano y hubiéramos bajado juntos en algún otro puerto, escapando a algún lugar donde pudiésemos haber perseguido nuestros sueños.

-Jose