Y ahí esta, en la lejanía de la oscuridad, un pequeño y tibio brillo que parece ahogarse en un mar negro de la nada más absoluta. Pequeña y breve, asoma su brillo mortecino y distante hacia las cavernas de lo desconocido, como una antorcha moribunda en una enorme y profunda gruta sepulcral. Ahí está, volátil como una cerilla, la única luz en el firmamento, ni siquiera pudiéndose llamarse luz realmente, pues para eso debería estar en llamas; y esa luz simplemente era, era el ser hecho a merced de la más oscura ignorancia del tiempo, forjada en un sentimiento de soledad absoluta, de terror cósmico, de irónico cinismo, incapaz de observar nada pues ni a si misma puede contemplarse, buscando otra luz en el oscuro firmamento.
Pero no hay nada, nunca hubo nada ni nunca será nada más que esa mota errante en la negrura, nómada, solitaria, tratando de extender sus ramas hacia la nada, pero jamás respondida salvo con el eco de sus palabras, sabiendo que morirá en alguna era, en algún momento, muriendo sola en la oscuridad. Quizás la noche oscura del alma era cierta al fin y al cabo, pues como un manto nocturno hace al ser soñar de que algún día esa noche será día, aunque este sueño solo sea una frágil y triste esperanza que jamás deberá obviarse que se cumpla, pues para eso esta la muerte, para acabar con la esperanza del alma y sus sueños, para cortar la cuerda que no suspende encima de ese mar negro que parece estar listo para engullirnos en cuanto nos precipitemos.
Pero no hay nada, nunca hubo nada ni nunca será nada más que esa mota errante en la negrura, nómada, solitaria, tratando de extender sus ramas hacia la nada, pero jamás respondida salvo con el eco de sus palabras, sabiendo que morirá en alguna era, en algún momento, muriendo sola en la oscuridad. Quizás la noche oscura del alma era cierta al fin y al cabo, pues como un manto nocturno hace al ser soñar de que algún día esa noche será día, aunque este sueño solo sea una frágil y triste esperanza que jamás deberá obviarse que se cumpla, pues para eso esta la muerte, para acabar con la esperanza del alma y sus sueños, para cortar la cuerda que no suspende encima de ese mar negro que parece estar listo para engullirnos en cuanto nos precipitemos.