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martes, 5 de abril de 2016

Tulipanes y astilbes carmesí


Conocí a esa chica tiempo atrás, cuando el parque se cubría de escarcha, y volaba por la nieve con sus pasos carmesí, machándola de tulipanes y astilbes escarlatas y transformando las tranquilas fuentes en cascadas nerviosas. Cuando el cielo estaba despejado y ni lluvia ni nieve bañaban la seca tierra, la joven se escondía temerosa en los rincones más oscuros de las sombras, temerosa de lo que le esperaba en la luz. La recuerdo como ayer.
Vivía en las grutas de sus ojos, en los pantanos de su memoria, imbuida en esa soledad que no lograba escapar, de ese vacío que la rasgaba por dentro, pero que, al mismo tiempo, pensaba que se merecía alguien que teme a la luz como ella. Aún extraño sus miradas perdidas y sus palabras vacías, cuando ella pensaba que mi corazón estaba igual de herido que el suyo, y que si curaba el mío, quizás encontraría una manera de atreverse a alcanzar la luz que transformaba su cuerpo en una mera quimera de la mente de un artista desquiciado.
Conocía ese corazón herido, lleno de espinas de promesas nunca cumplidas, de golpes y maltratos, del hambre de los necios que con palabras y gestos jugaron con sus sentimientos e hirieron su corazón. Aún recuerdo sus dulces ojos cristalizados derramando dolor y culpa, y por mucho de que yo tratase de beber de sus recuerdos y calentase ese pozo de hielo irrompible, jamás volvería el dulce brillo de su bella mirada, que brillaba en la oscuridad que nos envolvía a nosotros dos, fugitivos de la luz que trataba de abrasarnos.
Pero dudó de mí, me trató como un fantasma que había vuelto para atormentarla, como un recuerdo más que debe guardar en su herido corazón. Y ahora solo quiere romper, destrozar, llorar, gritar, chillar, desgarrar su propia alma… solo para acabar tirándolo todo por la borda… y acabar pálida de nuevo, rodeada de un invierno infinito del que jamás podría volver. Y poco a poco, con su rostro conteniendo las lágrimas de un alma perdida, se ocultó en una frágil máscara de felicidad.
Ahora siento en sueños el acero recorrer tu tibia piel, rasgando y cortando tu inocente carne, mientras tu cama se llena de tulipanes y astilbes carmesí, y crecen desesperadamente, buscando la salida de esa sala engullida en tristeza y vacío… mientras mi corazón se desgarra al sentir como ese acero se tiñe de ti.
Y bañado en lágrimas, aparto esos terribles recuerdos, y cierro los ojos y creo, creo en el día, el día que podré ver tu rostro de nuevo, en esos atardeceres de pesadas nevadas, volver a verte volar por las calles solitarias, y que, cuando la noche nos sepulte con su manto, cuando nuestra voces puedan volver a escucharse, la estrella de tu pecho me guíe de nuevo hasta ti.

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